domingo, 18 de diciembre de 2011

Casillas lo volvió a hacer

Y lo volvió a hacer. Tan sólo dos temporadas después, en el mismo escenario, el Ramón Sánchez Pizjuán de Sevilla, Iker Casillas volvió a ser un relámpago de un lado al otro de la portería para despejar un balón imposible. Antes a Perotti, ahora a Manu del Moral. Antes en una portería, ahora en la otra. Pero dos años después, Iker volvió a conseguir que se detuviera el tiempo para deleitarnos con una nueva parada que quedará en la retina de los aficionados al fútbol que vieron el partido, y que se repetirá en el "play" de las videotecas digitales.




martes, 29 de noviembre de 2011

¿Penalti y tarjeta roja?

Fue la jugada clave del derbi del pasado fin de semana entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid. Karim Benzema encaraba a Courtois, portero rojiblanco, lo regateó y el belga, en su afán por impedir el gol, trabó al delantero. El árbitro, Mateu Lahoz, señalaba penalti y le mostraba tarjeta roja a Courtois, dejando en inferioridad numérica a los colchoneros con 65 minutos por delante. Y a raíz de ahí llegaron la goleada y las protestas por la decisión del colegiado. 

Reglamento en mano, Mateu Lahoz interpreta que Courtois abortó una ocasión manifiesta de gol cometiendo falta dentro del área. Por tanto, acierta con la expulsión. El debate no se debe encontrar en la decisión arbitral, sino en si la normativa castiga en exceso la infracción cometida. Iker Casillas, cancerbero madridista, lo dejó caer en sus declaraciones a la prensa tras el encuentro: “La realidad es que hay unas personas que en un despacho dictaminan las normas y cuando es último hombre es penalti y expulsión. El problema es de esas personas que inventan normas”.

Las tarjetas rojas deben servir principalmente para sancionar una acción violenta o peligrosa para el físico del rival. En el caso de Courtois, el guardameta belga no puso en peligro el físico de Benzema. Además, su reacción es instintiva para intentar llegar al balón y despejarlo, no tiene la intención de derribar al atacante. Si bien es cierto que impidió el gol cometiendo falta, suficiente castigo debe ser el penalti, que con mucha probabilidad terminará en gol, como así fue.

En definitiva, Mateu Lahoz acertó en la aplicación del reglamento al pitar penalti y expulsar a Courtois… pero, tal vez, lo que habría que hacer es revisar el propio reglamento para que el castigo no sea tan grande.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Jugar bien y llevarse siete

¡Qué difícil debe ser recibir siete goles y quedarse con la sensación de haber hecho un buen partido! Así es como debió sentirse Laszlo Koteles, el portero del Genk, después de que su equipo fuera vapuleado ayer por el Valencia. El meta húngaro llegó a realizar no menos de seis paradas de enorme mérito, y no se le puede achacar error alguno en ninguno de los tantos que encajó. Aún así, pese a haber presentado buenos argumentos para defender con nivel la portería de su equipo, su nombre pasará a engrosar las estadísticas de porteros que han recibido contundentes goleadas en la Champions League.

La actuación de Koteles en Mestalla y el resultado que se produjo son una buena muestra de que un portero debe estar acompañado por todo el bloque del equipo. Si sus compañeros no saben desenvolverse bien en tareas defensivas y no cierran los espacios al rival de manera adecuada, por muy bien que se encuentre el cancerbero, su equipo saldrá goleado. Y más aún cuando en el rival juegan delanteros tan oportunos como Soldado o Jonas.

No obstante, el guardameta magiar ha dejado buenas sensaciones en la temporada de su debut en la Champions League. Pese a estar acostumbrado a jugar en ligas europeas menores (tan sólo ha jugado en las ligas húngara, serbia y belga), Koteles ha rallado a buen nivel y ha realizado dos grandes actuaciones en esta edición de la máxima competición continental que le han valido a su equipo para sumar dos puntos ante rivales de mucha mayor entidad.

En la primera jornada, Koteles y su defensa consiguieron desactivar a la misma línea ofensiva que ayer le hizo un roto, y arrancaron un empate a cero que fue celebrado por la afición como si de un título se tratara. El mismo éxtasis produjo el empate a uno ante el Chelsea (los mismos “blues” le habían endosado cinco dos semanas antes), en un choque en el que Koteles se volvió lucir e incluso le detuvo un penalti a David Luiz. Ahora, al húngaro le queda un último partido ante el Bayer 04 Leverkusen para limpiar la imagen de su club, porque su honra, pese a las dos goleadas, está bien salvada.


martes, 15 de noviembre de 2011

Destronado Zubizarreta

La estela de Iker Casillas brilla hoy en el amistoso que la selección española disputa ante Costa Rica. El de Móstoles conseguirá el récord de internacionalidades del combinado nacional, con 127 partidos. Pero para ello alguien ha tenido que participar en 126 encuentros, y ese es Andoni Zubizarreta, que durante 14 años fue el buque insignia de la portería española.

Hasta hace poco, si un nombre era sinónimo de récords en cuanto a longevidad en el fútbol español, ese era Andoni Zubizarreta. El cancerbero alavés, además de ser el internacional con más partidos en la selección fue el primer futbolista en disputar más de 50.000 minutos en la primera división española. En ese período, llegó a disputar cuatro Mundiales y dos Eurocopas, y en su palmarés figuran 15 títulos (2 ligas, 1 Copa del Rey y 1 Supercopa de España con el Athletic, y 6 ligas, 2 Copas del Rey, 1 Supercopa de España, 1 Copa de Europa, 1 Recopa y 1 Supercopa de Europa con el Barcelona), además de un Trofeo Zamora. No obstante, su despedida del fútbol no fue todo lo agradable que hubiera merecido alguien con esos números.

No se trataba de un portero mediático, ni sus acciones eran espectaculares. Sus principales argumentos eran la sobriedad, la colocación y el dominio del juego aéreo. Sin embargo, eran características que no vendían su imagen ni en la prensa ni entre los aficionados. Y esa falta de consideración hacia su trabajo fue clave para que no se le otorgara un trato justo a su trayectoria en los dos momentos más críticos de su carrera.

El 18 de mayo de 1994, Zubizarreta jugaba su segunda final de la Copa de Europa. Dos años antes, su equipo, el Barcelona, la había ganado en Wembley, y se disponía a volver a hacerlo esta vez en Atenas frente al Milan, en un partido en el que partía como favorito. El resultado final fue nefasto. Los italianos pasaron por encima de los azulgrana y les endosaron un doloroso 4-0. La primera víctima fue el propio Zubizarreta, al que a la mañana siguiente la directiva le comunicó que no continuaría como portero culé. Era el inicio del desmantelamiento del llamado “Dream Team”.

Pese a aquel duro golpe que le dio la que había sido su casa durante ocho años, Zubizarreta continuó su carrera en el Valencia y siguió contando con la confianza del seleccionador Javier Clemente para liderar la portería nacional. Y fue en sus últimos días con la selección en los que se consumó su retirada. En el debut de la selección en el Mundial de Francia de 1998, España cayó ante Nigeria por 3-2, y el tercer gol de las Águilas Verdes fue obra del propio Zubizarreta en propia meta, al intentar atajar un centro de Lawal. Esa derrota condicionó el devenir del equipo español en la competición, de la que fue apeado en la primera fase, y también el futuro profesional del guardameta vasco. Las críticas de periodistas y aficionados se cebaron con él y, definitivamente, al acabar el Mundial, decidió anunciar su retirada sin recibir la compasión ni el reconocimiento de casi nadie. Una triste despedida para una brillante y dilatada trayectoria.



miércoles, 2 de noviembre de 2011

Sin defensa no hay récord

Víctor Valdés pasó ayer a la historia del FC Barcelona como el portero que más minutos consecutivos ha mantenido la meta blaugrana sin encajar un gol, tras la victoria por 0-2 ante el Viktoria Plzen. Así, superó los 824 minutos imbatido que mantuvo Miguel Reina en los años 70. Se trata de un hito gracias al cual quedará su nombre grabado en la historia del club. Sin embargo, en tal éxito intervienen otros factores igual de importantes que sus actuaciones, y en ellos tiene una gran relevancia su defensa y la forma de juego de su equipo.

Pese a que el mérito del récord se ha enfocado principalmente en Víctor Valdés, cabe recordar que para mantener esos números no sólo basta con la actuación del guardameta. Si un sistema defensivo no está bien engranado, un cancerbero, por muy buenas cualidades que tenga, no conseguirá que su portería quede a cero, ya que en cada jugada en que se enfrenta en solitario a un delantero suele partir en inferioridad de condiciones. Hay que recordar que es el atacante quien lleva el balón y sabe qué va a intentar hacer con él. Con ello, nunca hay que quitar mérito al propio portero, porque siempre habrá situaciones que se le escapen a la defensa en las que deberá ser suficientemente ágil e inteligente para abortarlas.

En el caso del actual Barcelona, además del propio Valdés, existen dos claves: la posesión del balón y la posición en que éste se suele encontrar. El equipo de Guardiola suele tener una posesión del esférico de entre un 65 y un 75 por ciento. Este dato provoca que el rival, ya de por sí, tenga menos posibilidades de atacar la portería que defiende Valdés. A su vez, la forma de jugar del conjunto culé implica que el balón habitualmente esté en campo contrario, en ataque. Además, en cuanto hay una pérdida, sus jugadores lanzan una fuerte presión que les permite recuperarlo fácilmente y en zonas de peligro. Y aún en caso de no robar rápido, hay una distancia considerable hasta su área para o bien cortar la jugada o achicar a los delanteros rivales.

No obstante, siempre puede haber alguna jugada en la que todo ello falle, que son pocas, o a balón parado, en las que Valdés ha venido demostrando su poderío durante los últimos ocho partidos para contribuir, esta vez sí con protagonismo, a la consecución de una nueva marca.


martes, 25 de octubre de 2011

El complicado juego aéreo

Se va a lanzar un córner. En el área, además del guardameta, se encuentran alrededor de diez o doce jugadores, la mitad de ellos con la predisposición de marcar gol. Y habitualmente el balón se lanza por el aire al centro del área, en busca de un remate de cabeza. Los saques de esquina son, tal vez, algunas de las jugadas más difíciles con las que ha de lidiar un portero a lo largo de un partido y, a su vez, si actúa correctamente, algunos de los lances donde más necesita el equipo que defiende a su cancerbero.

Habitualmente el portero tiene ventaja en estas jugadas, ya que cuenta con la posibilidad de alzarse sobre el resto con las manos. Sin embargo, ante la marabunta de jugadores que se encuentran a su alrededor, cualquier pequeño tropezón puede resultar fatal para sus intereses. Es más, muchos equipos colocan a un jugador junto al guardameta para obstaculizarle sin que ello sea considerado falta. Además, a veces el balón es lanzado al primer palo o pasado al segundo, donde el portero no puede llegar, y se suele propiciar una segunda jugada que le puede descolocar de su posición. Ante todo ello, si se consigue un buen dominio de esta parcela, se le otorga una confianza enorme a sus defensas, que deben luchar en el salto de tú a tú con sus contrincantes. Y este tipo de jugadas con balones aéreos colgados al área no se dan sólo en los córners, sino también en cualquier falta lateral o incluso frontal. Incluso en el tradicional fútbol británico, mandar un balón “a la olla” era un recurso muy manido del que trataban de sacar rendimiento aquellos conjuntos menos dotados técnicamente.

Para poder solventarlos con acierto son necesarias, sobre todo, dos condiciones: la colocación y el desparpajo. Si se mantiene una buena colocación ante el primer lanzamiento, el portero tendrá una mayor posibilidad de alcanzar el balón. Mientras tanto, el desparpajo y la confianza son imprescindibles para salir y alzarse a por el esférico entre todos los futbolistas que permanecen en el área esperándolo. Asimismo, la altura y la potencia de salto también ayudan, pero no llegan a ser determinantes, puesto que cualquier guardameta con las manos alzadas debe llegar en su salto más alto que un rival, que sólo puede golpear el balón con la cabeza.

No obstante, la teoría es muy fácil decirla, pero en la práctica resulta mucho más difícil aplicarla. Cada balón que se cuelga en el área es un mundo, y si no que le pregunten a cualquier portero profesional. Una buena muestra es que pocos porteros en el mundo consiguen dominar con contundencia esta faceta del juego.

jueves, 20 de octubre de 2011

El golpe más duro

Llega un momento del partido en el que ya no hay reacción. En el fútbol italiano lo llaman la Zona Cesarini, por la capacidad de un futbolista transalpino de los años 30, Renato Cesarini, de marcar goles en esos instantes. Se trata de los últimos minutos del encuentro, en los que un gol resulta decisivo con casi total seguridad. Y para el portero que lo recibe, es el golpe más duro que puede recibir, del que no se podrá reponer durante el partido, y que se llevará a su casa para reinterpretarlo mientras reposa en la cama. “Y si hubiera hecho esto para pararlo”, piensa repetidamente en busca del sueño.

El pasado martes esa desgracia la sufrió Diego López, el portero del Villarreal, con un tanto que deja a su equipo al borde de la eliminación en la Liga de Campeones. Hasta ese momento, el madrileño había realizado una actuación sublime. Sus reflejos y su seguridad habían hipnotizado a los jugadores del Manchester City, y habían conseguido mantener en tablas el marcador, que aún dejaba con suficiente vida a los suyos de cara a los próximos partidos de la liguilla. En el minuto 91 parecía que podía llegar ese momento fatal. Zabaleta, lateral del City, remataba de cabeza a bocajarro, dentro del área, pero la figura de Diego López emergió una vez más para atrapar el balón. Y todo ello pese a la velocidad de la jugada y el agua de la lluvia que mojaba un balón ya resbaladizo. Pero un minuto más tarde, llegó la fatídica jugada: el propio Zabaleta avanzó por la banda derecha para colocar un centro raso al área que Silva tocaba de tacón lo justo para que el Kun Agüero lo remachara a la red. La derrota se consumaba sin tiempo para más.

Las cámaras enfocaron la celebración eufórica de los jugadores del City, pero siempre se olvidan del otro protagonista, el portero, que no había podido evitar la derrota. Diego López permanecía asolado tras ver que todo su trabajo sólo había servido para nadar hasta morir en la orilla. Posiblemente, la peor sensación que le puede quedar a un guardameta.

jueves, 6 de octubre de 2011

El muro de Javi Varas

Piedra a piedra, paso a paso, desde que empezó a jugar en los campos de tierra de su barrio sevillano, Pino Montano, Javi Varas ha ido creciendo para construir el muro que ahora mismo cierra la portería sevillista. No se trata de uno de esos futbolistas que ha sido mimado por una cantera de un club grande desde que eran bien jóvenes. No. Javi Varas ha ido escalando poco a poco desde equipos humildes de regional hasta la primera división española. Y ahora mismo está a punto de superar el récord de imbatibilidad de un guardameta con la camiseta sevillista.

El actual portero del Sevilla, ya pasada la edad de juvenil, tuvo que iniciar su carrera en el Nervión en primera regional, y con 21 años aún estaba jugando en regional preferente con el San José. A estas edades, los futbolistas que no han destacado ya, difícilmente llegan a la elite. Por eso, el caso de Varas es tan sorprendente.

Su proyección dio un vuelco cuando el Sevilla FC se fijó en él en 2004. El primer año fue cedido a un conjunto de segunda B, el Alcalá, donde siguió poniendo una piedra detrás de otra, con la esperanza de algún día llegar al primer nivel. Tan sólo una temporada después ya pudo vestir la camiseta sevillista, pero la del filial, también en segunda B. Además, con el Sevilla Atlético consiguió el ascenso a segunda división en la temporada 2006/07, siendo el cancerbero el protagonista en la tanda de penaltis clave ante el Pontevedra. En cuatro años, había pasado de competir en primera regional a hacerlo en la categoría de plata del fútbol español. El muro de Javi Varas ya iba cogiendo forma y Manolo Jiménez, que había sido su entrenador en el filial, le dio la oportunidad de compartir la portería del primer equipo con Andrés Palop, posiblemente el portero que mejor rendimiento le ha dado al Sevilla en toda su historia.

Después de dos temporadas en la suplencia, con actuaciones esporádicas por lesiones o sanciones de Palop, el curso pasado Gregorio Manzano le dio la alternativa a Varas, que cumplió a la perfección, sin que el nivel del equipo en su posición se resintiera, pese a la alargada sombra del valenciano. Y para rematar su progresión, este año, el nuevo técnico, Marcelino, le ha refrendado en su puesto. El cancerbero sevillano ha respondido a esta confianza de la mejor manera. Ahora mismo es el portero menos goleado y está a punto de finalizar en su portería un muro casi infranqueable para sus rivales con sus rápidos reflejos. El pasado domingo sin ir más lejos, mantuvo la portería a cero en el Vicente Calderón ante el Atlético de Madrid, y sacó un balón espectacular con la punta del pie a Falcao, que habría podido suponer la derrota de los suyos.

Varas lleva ahora mismo 379 minutos sin encajar un tanto. Si en el próximo partido ante el Sporting de Gijón dejara la portería a cero, ya se convertiría en el segundo cancerbero que más tiempo ha estado imbatido en el Sevilla, superando a Unzué, Paco, Notario y Buyo. La hazaña sería aún más grande si aguantara 41 minutos más ante el todopoderoso Barcelona de Pep Guardiola, pues conseguiría el récord en la historia de su club, adelantando a todo un mito al que ha relegado a la suplencia, Palop. Sería un precioso broche final a ese muro que lleva construyendo a partir de las piedras de aquellos campos de la regional andaluza.


lunes, 3 de octubre de 2011

Justicia y méritos

Uno de los tópicos periodísticos, y también de los aficionados, es dictar si el resultado de un partido es justo. Evidentemente, para ello se fijan en los méritos obtenidos durante el encuentro por ambos equipos, y lo habitual es que se le conceda esa supuesta victoria moral al que más ocasiones de gol ha creado. Sin embargo, en ese veredicto olvidan y menosprecian la labor de los guardametas, que es tan importante como la de los jugadores de campo, o incluso más, porque sus acciones son determinantes para modificar el resultado final.

El objetivo principal en el fútbol es conseguir el gol, es decir, batir al portero contrario. Para ello, en primer lugar hay que llegar con peligro a la portería rival, ya sea con una jugada elaborada, un disparo lejano o por un error del contrario. Pero todo ello no sirve de nada si no se acaba transformando en gol y éste sube al marcador. Si el balón no logra rebasar la línea de gol todo queda en agua de borrajas, y el resultado seguirá siendo el mismo. Por tanto, el trabajo habrá sido en vano.

Es ahí donde juega el papel del portero. Si con su preparación, habilidad y técnica logra sellar su portería a cero, por muchos acercamientos que haya obtenido el rival, habrá hecho los méritos adecuados para estar imbatido y, por lo menos, conseguir un empate para los suyos. Los jugadores del equipo rival habrán merecido crear ocasiones, pero no el gol que les otorgue algo positivo, porque en el momento clave habrán fallado ante la portería rival. Es decir, su actuación no habrá sido lo suficientemente meritoria para conseguir el objetivo del fútbol, el gol, por muy bonita que haya sido la jugada.

Por lo tanto, esa labor del portero resulta esencial para administrar la justicia futbolística, que más allá de los tópicos, reside únicamente en el gol. Así, los resultados finales de los partidos acaban siendo el reflejo más justo de lo ocurrido en su transcurso, porque los goles son el indicador más adecuado de la justicia en el fútbol. Por muchas ocasiones que se hagan, si no se concretan en un tanto no sirven de nada, y no serán mérito suficiente para ganar. Y los porteros, que tratan de evitarlos, también juegan, y son parte muy importante en esta sutil manera de administrar justicia deportiva.

martes, 27 de septiembre de 2011

Capitanía bajo palos

Durante la temporada pasada, unas supuestas declaraciones de José Mourinho, entrenador del Real Madrid, hicieron bambalearse los cimientos de la tradición del club blanco. El portugués señalaba que un portero no debía ser el capitán del equipo. Y en el suyo lo es Iker Casillas, por antigüedad, como han mandado siempre los cánones del conjunto del Santiago Bernabéu. Pese al polémico mensaje, Iker sigue portando el brazalete, y no sólo el de su club, sino también el de la selección nacional. Sin embargo, se abrió un debate: ¿son los porteros tan adecuados como los jugadores de campo para ser capitanes?

Según las declaraciones, el técnico del Real Madrid argumentaba que un portero se encuentra en un área muy delimitada del terreno de juego y no puede ejercer la presión necesaria al árbitro. Pero... ¿es esa labor de un capitán? ¿Presionar al árbitro? El brazalete lo debe llevar el líder del equipo, el jugador que con su carisma consiga arrastrar a todos sus compañeros hacia el objetivo planteado, aquel que con sólo una mirada transmita confianza a sus compañeros en todas sus decisiones, el que con su imagen y su forma de actuar represente a su club. Y los buenos porteros, precisamente, suelen reunir esas condiciones.

PD: En la liga española sólo dos guardametas son los primeros capitanes de sus equipos (Casillas en el Real Madrid y Palop en el Sevilla), pero otros siete forman parte de los elegidos para llevar el brazalete en algún momento de la temporada en su club (Valdés en el Barcelona, Guaita en el Valencia, Ricardo en el Osasuna, Bravo en la Real Sociedad, Ustari en el Getafe, Cobeño en el Rayo Vallecano y Cristian Álvarez en el Espanyol).

lunes, 19 de septiembre de 2011

Rotaciones en la portería

Desde hace una década se pusieron de moda las rotaciones. Ante la gran acumulación de partidos, sobre todo de los equipos que participan en competiciones europeas, los entrenadores suelen repartir los minutos entre los integrantes de su plantilla con tal de optimizar su rendimiento físico. Sin embargo, hay una posición que todavía no está acostumbrada a las rotaciones: la portería.

Los guardametas no están obligados a realizar el mismo desgaste físico que los jugadores de campo, así que el cansancio no es buena excusa para rotarlos. La única base para turnarlos es la confianza, pero puede ser un arma de doble filo. Hasta el momento, la mayoría de entrenadores solía otorgar los partidos de la copa doméstica a los porteros suplentes para que se mantuvieran activos, se siguieran sintiendo parte del equipo y pudieran estar preparados para una eventual sustitución del cancerbero titular por motivos mayores. Pero Unai Emery, técnico del Valencia, ha dado un paso más. Pese a haber contado en Liga con Guaita como titular, en la Liga de Campeones (la competición más importante en el panorama internacional) alineó de inicio a Diego Alves… para unos días más tarde, volver a contar con Guaita ante el Sporting en Liga.

La justificación de Emery se basa en el buen trabajo y rendimiento de ambos, que le permite otorgarle la confianza a los dos para jugar cualquier partido. De esta manera, dándole un partido de Liga de Campeones a Alves le demuestra que cuenta con él incluso para los partidos más importantes. Es decir, la rotación supondría un mensaje de confianza.

Pero a su vez, también puede suponer un mensaje de inestabilidad. La portería es una posición muy específica que suele implicar un liderazgo y una confianza única, a sabiendas de que un simple fallo puede costar un partido entero. El hecho de alternar a los dos porteros puede provocar que uno de los dos considere que al mínimo error tendrá muchas dificultades para volver a jugar, lo cual no ayuda en la toma de decisiones ni en la acumulación de confianza.

En un principio parece que a Emery le ha salido bien la jugada, puesto que tanto Alves como Guaita rayaron a un nivel exquisito y mantuvieron sus porterías a cero ante el Genk y el Sporting respectivamente, con algunas intervenciones de mérito. Pero, ¿mantendrá Emery su apuesta por Alves en Liga de Campeones ante el Chelsea, un rival de gran entidad, en la próxima jornada?

lunes, 12 de septiembre de 2011

Guaita reafirma su titularidad

Mucho le costó a Guaita alcanzar la titularidad en el Valencia CF para perderla a las primeras de cambio. Durante las últimas dos semanas se había hablado sobre la buena forma de Diego Alves, el guardameta brasileño que el club valencianista fichó para competirle el puesto al de Torrent. Se dice que en los entrenamientos el carioca lo está bordando, y en un reciente triangular ante el Málaga y el Villarreal en Murcia, en favor de las víctimas del terremoto de Lorca, su actuación fue fundamental para la victoria de los de Emery. Además, Guaita, en el primer partido de liga ante el Racing se mostró dubitativo y encajó tres goles. El sábado ante el Atlético de Madrid volvía la competición y Guaita debía despejar esas dudas, y vaya si lo hizo.

Después de una cesión al Recreativo de Huelva y de comenzar una campaña como tercer portero, el cancerbero de la cantera de Mestalla tuvo que esperar a una doble lesión de César y Moyá para tener esa oportunidad tan deseada por los porteros. Y la ganó con intervenciones espectaculares en algunos de los estadios más importantes del mundo como el Santiago Bernabéu u Old Trafford. Y pese a que César volvió a ser titular cuando se recuperó, Guaita tuvo la suficiente constancia para recuperar ese lugar en la alineación que ya se había ganado.

Antes de su irrupción, el Valencia ya había decidido fichar a un nuevo portero, Diego Alves. El brasileño, al que ya había tenido bajo su disciplina Unai Emery en el Almería, ya llevaba una buena trayectoria en primera división con el conjunto rojiblanco, en la que destacaba sobre todo un gran acierto en los penaltis parados y la espectacularidad de sus reflejos. Se vislumbraba así una gran duda: ¿quién sería el titular? ¿Guaita o Alves? ¿La continuidad de la revelación de la temporada pasada o la nueva apuesta de la secretaría técnica che?

En las dos primeras jornadas de liga, Emery ha decidido ser continuista, y darle el protagonismo a Guaita. Pero tras la primera jornada y los tres goles del Racing, las dudas estaban ahí. Guaita las borró de un plumazo con dos intervenciones de gran nivel que fueron claves para amarrar los tres puntos. En la primera parte Tiago asistió por encima de la defensa al más puro estilo Laudrup a Adrián, el joven delantero enganchó una volea muy cercana a la portería que parecía que acabaría en gol, pero Guaita achicó el espacio, intuyó que el golpeo iría a su derecha y sacó una mano excelente que evitó el tanto. Habría sido el 0-1 que dejaría las cosas muy difíciles a los suyos. Ya en la segunda parte, en el arrebato final de los rojiblancos por sacar un empate de Mestalla, un balón largo le llegaba a Arda Turan por el costado izquierdo de la portería valencianista, Guaita dio un paso a la derecha a la espera de un pase de la muerte para Falcao, pero el turco le sorprendió disparando raso al primer palo. La respuesta felina en rectificado de Guaita fue soberbia. El gol habría supuesto el empate a falta de tan sólo siete minutos para el final.

Esas dos magníficas intervenciones de Guaita le valieron no sólo para reafirmar su titularidad en el Valencia CF, sino también para dar valor al gol de Soldado y conseguir una victoria que mantiene a su equipo como colíder de la liga española.


jueves, 8 de septiembre de 2011

Un portero en Liechtenstein

Alrededor de 35.000 habitantes, tan sólo, tiene Liechtenstein. Y uno de ellos es Peter Jehle. ¿Qué lo distingue del resto de habitantes de este pequeño país centroeuropeo? Pues que es el portero de su selección de fútbol… desde 1998. Lleva ya catorce años defendiendo una de las porterías más goleadas del panorama europeo internacional y, sin embargo, ha conseguido rayar a buen nivel, hasta el punto que llegó a fichar por un equipo de primer nivel portugués, el Boavista, que ahora paga la condena en categorías inferiores por el proceso Silbato Final de 2008 por la compra de partidos. Además de jugar en el Boavista, también lo hizo para uno de los grandes de su país vecino, el Grasshoppers suizo.

Jehle es toda una referencia en su selección. Y, además, una de las claves de sus “éxitos”. Hay que tener en cuenta que para un país tan pequeño, el simple hecho de puntuar o incluso no ser goleado ya se puede considerar como un éxito. Es más, Jehle ya debutó con cierta estrella. Su debut supuso la primera victoria en partido oficial de la selección liechtenstení. Fue en 1998, en la fase de clasificación para la Eurocopa de Holanda y Bélgica del 2000, con una victoria ante Azerbaiyán por 2-1.


Pese a los seis goles encajados ante España el pasado martes, la dinámica de Liechtenstein en los últimos dos años es loable. Tan sólo ha sido goleada por la selección española, campeona del mundo, que le endosó cuatro y seis goles; pero ante la República Checa sólo encajó dos, Escocia le ganó en el último minuto por 2-1, y a Lituania consiguieron ganarle 2-0 y empatarle a cero fuera de casa, sin recibir ningún gol en ninguno de los dos encuentros.

De la mano del seleccionador Hans-Peter Zaugg y la experiencia de Jehle, Liechtenstein ha conseguido una estabilidad defensiva que le ha permitido reducir en gran medida las diferencias con sus rivales. Las goleadas de selecciones mediocres, como Macedonia que le ganó 1-11 en 1998, ya son historia. Y en buena medida se debe al buen hacer de Peter Jehle, tanto por su habilidad bajo palos, como, sobre todo, en la experiencia ganada para ordenar a sus defensores.

martes, 6 de septiembre de 2011

La final de Valdés

El éxito en la carrera profesional de un portero muchas veces reside en haber respondido adecuadamente el día oportuno. Las diferencias técnicas entre unos guardametas y otros tal vez no sean muy grandes, pero la capacidad de concentración para salvar el partido el día más importante la tienen sólo los elegidos. Y eso muy bien lo sabe Víctor Valdés, el cancerbero del FC Barcelona e internacional de la selección española, que en una entrevista reciente apuntó que “sin la final de París quizá ahora no sería portero del Barça”.

Era el 17 de mayo de 2006, y el Barcelona, dirigido por Rijkaard, estaba dispuesto a culminar una temporada extraordinaria en la que ya se había hecho con el título de Liga. Era el germen del actual Barça de Guardiola. El rival era un conjunto novel en finales de la Copa de Europa, el Arsenal inglés, pero que contenía un gran número de estrellas con Henry, Pires y Ashley Cole a la cabeza, y con un jovencísimo jugador que habían sacado de la cantera del Barça y que estaba dando mucho que hablar por sus extraordinarias actuaciones: Cesc Fàbregas. En el conjunto azulgrana, con Messi en el dique seco y Xavi recién recuperado de una larga lesión, Ronaldinho, Deco y Eto’o parecían destinados a ser los protagonistas de la segunda Copa de Europa de la historia de Can Barça.


Pero el destino había preparado que los jugadores decisivos fueran dos de los más cuestionados durante la temporada por la afición: Valdés y Belletti. El lateral brasileño será recordado como el autor del gol que le dio el trofeo a su equipo cuando tan sólo faltaban diez minutos para el final. Hasta ese momento, había sido Valdés quien mantuvo con vida a los suyos. Al poco de comenzar, rechazó un mano a mano con Henry. Y con el 0-1 en contra en el marcador se anticipó de nuevo al francés en una contra del Arsenal, y salvó de la sentencia a su equipo en dos disparos de Ljungberg y el propio Henry. A partir de ahí, los goles de Eto’o y Belletti permitieron levantar la “orejona” a Carles Puyol.

De este modo, el portero nacido en l’Hospitalet de Llobregat, hasta el momento a la sombra siempre de su homólogo del máximo rival, Iker Casillas, se ganó el respeto de sus aficionados. Poco a poco, en los años siguientes, siguió creciendo hasta ser internacional e imprescindible en los éxitos de su equipo. No es de extrañar que sean ya muchos los que consideren que está al mismo nivel que Casillas.


lunes, 29 de agosto de 2011

Fortaleza mental ante el error inicial

El árbitro da el pítido inicial y comienza el juego. Los porteros están preparados para que les llegue su primera intervención. Una jugada que puede tardar minutos para que ocurra, pero para la que hay que estar preparado, puesto que un error tan pronto puede modificar por completo tanto el planteamiento de tu equipo de cara al partido como la propia confianza del guardameta. En Mestalla, el pasado sábado, Toño, el portero del Racing, erró en esa jugada a los 50 segundos del inicio, ante un disparo de Pablo. El resultado: gol de Soldado tras el rechazo. Las imágenes por televisión de su rostro delataban su preocupación, aunque el rápido empate de su equipo disipó sus dudas y dejó el partido de nuevo en tablas.

Ese primer balón, en muchas ocasiones, es clave. Es una acción que puede marcar el partido del cancerbero. Si lo atrapa o realiza una buena intervención, su confianza aumentará en grandes dimensiones y le ayudará a realizar una buena actuación. Si se le escapa, pero no acaba en gol, se pueden alimentar las dudas en su cabeza y dar pie a nuevos errores posteriores. Si además de errar, el balón acaba en las mallas, no sólo crecerán las dudas sino que su equipo se verá con un marcador en contra que le obligará a tomar más riesgos.

Por ello es tan importante la fortaleza mental y la concentración del guardameta. Para que un simple error no pueda comprometer su quehacer durante el resto del partido. Toño, el sábado, pese a la derrota en los minutos finales, demostró tener esa actitud, y acabó superando el error inicial para realizar una buena actuación que puso contra las cuerdas al Valencia CF.

viernes, 26 de agosto de 2011

El perdón a Trautmann

Cada mañana despertaba encerrado en un pequeño terreno, donde compartía hogar con otros excompañeros suyos y se dedicaba a hacer las mismas labores cansadas y rutinarias. Se trataba del campo de concentración de Ashton-in-Makerfield, organizado por el Gobierno británico para prisioneros nazis. Y es que Bert Trautmann había sido miembro del batallón Odenwald de los paracaidistas de la Luftwaffe, y había luchado en la II Guerra Mundial para la Alemania de Hitler. A poco de finalizar la guerra cayó prisionero en manos británicas, y por ello permanecía en aquel campo.

Fue allí donde Trautmann empezó a jugar a fútbol, de mediocampista. Hasta que un día se lesionó y pidió jugar de portero. Empezó a destacar como guardameta. Tal vez, todo lo aprendido como paracaidista le ayudaba. Su profesión militar le había obligado a mantener una gran agilidad, una capacidad de decisión instantánea y grandes dosis de concentración. Además, ¿en qué posición del terreno de juego podría emplear mejor sus saltos? En aquellos momentos también se vivía cierto grado de apertura en Ashton. Las autoridades británicas intentaban reinsertar a los prisioneros con un programa de reeducación, una especie de “desnazificación”.

Una vez terminó el período de prisionero, Trautmann decidió quedarse en Inglaterra para continuar con su vida allí, y siguió jugando al fútbol. Fichó por un equipo de segunda división, el Saint Helens Town. Destacó tanto, que numerosos conjuntos de primera querían ficharlo… y el que se lo llevó fue el Manchester City. De pronto, saltó al primer nivel y, por supuesto, que hubiera sido un soldado nazi no le facilitaba las cosas. Al principio fue vejado e insultado, hasta por los hinchas de su equipo: “sanguinario nazi”, “criminal” o “Heil Hitler” eran algunas de las lindezas que le recordaban. No obstante, los estadios prácticamente se llenaban por la curiosidad de ver a aquel “prisionero nazi”.

Aguantó con entereza los insultos, empezó a cuajar buenas actuaciones como cancerbero y, poco a poco, se fue olvidando su pasado. Además, rehízo su vida casándose con una mujer inglesa y amoldándose al estilo de vida británico.

Pero el punto culminante de su carrera futbolística lo vivió en 1956. El Manchester City logró llegar a la final de la FA Cup, ante el Birmingham City. Su equipo ganaba 3-1, quedaban 15 minutos y sufrió un duro impacto en su cabeza con Murphy, jugador rival. Pese el dolor, Trautmann continuó en el campo y aún obró un par de intervenciones magistrales. Más tarde explicó que sólo veía una neblina, y que las hizo por intuición. El dolor era lógico, pues tenía una vértebra del cuello rota y otras cuatro dislocadas. Y, pese a eso, terminó el partido para darle la victoria a los suyos.

Ese mismo año, fue nombrado mejor jugador de la temporada. Fue la primera vez que se le daba tal mención a un futbolista extranjero. Todo un mito del fútbol inglés, Bobby Charlton, señaló que era el mejor portero al que se había enfrentado. Su trayectoria, mucho más tarde, tuvo un premio que era inimaginable para quien había sido un soldado de la Alemania nazi: en 2004, la reina Isabel le nombró oficial del Imperio británico. Desde luego, ya había sido perdonado.


lunes, 22 de agosto de 2011

La eterna juventud de César (y II)


En la temporada 2008-2009, el Valencia tenía problemas en la portería. Cañizares, que había sido apartado por el club el año anterior, había dejado su lugar al alemán Timo Hildebrand. Pero el germano no había cumplido con las expectativas en su primer curso, que tan sólo pudo limpiar con dos actuaciones prodigiosas ante el Barcelona, en las semifinales de la Copa del Rey, y ante el Real Madrid, en Liga. Así pues, había muchas dudas en su continuidad. Partió como titular, pero la confianza en él acabó muy pronto. Su debacle llegó en los dos primeros partidos. En la Supercopa ante el Real Madrid, en la que encajó seis goles en dos partidos, en los que en varios parecía que un portero de alto nivel debería haber hecho algo más.

A punto de empezar la Liga se incorporó el brasileño Renan, titular con Brasil en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Pero el carioca se mostró irregular en el primer tramo de la temporada. Cuando más empezaba a convencer a la afición valencianista, se lesionó en San Mamés, en un partido ante el Athletic de Bilbao, el 18 de enero. Aquel día debutó en Liga Guaita, pero el canterano no ofrecía aún las garantías suficientes a Emery. Y entre toda esta serie de carambolas, le llegó la nueva oportunidad a César Sánchez, a sus 37 años, que le transportaría a lo que podríamos describir como su “nueva juventud”.

Tan sólo dos días después de la lesión de Renan, que podía revestir cierta gravedad, el Valencia contrataba a César por lo que quedaba de temporada. Un guardameta veterano, que diera confianza, sin apenas coste. Era lo que buscaba la dirección che. Pero la afición no lo aceptó con entusiasmo. Era un exjugador del Real Madrid, club al que no se le tiene demasiado cariño en la grada valencianista. Y, además, el carácter de César, díscolo con el rival, con muchos aspavientos, solía provocar las iras de las aficiones rivales, y la de Mestalla no era una excepción.

Apenas llevaba unos días en la ciudad del Turia, y César tuvo que debutar en un dificilísimo partido de Copa del Rey, ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán, con el pase a las semifinales del torneo en juego. El Valencia perdió en el tiempo añadido con un gol de Squillaci, pero César tuvo una buena actuación. Y no fue la única, poco después una magnífica mano permitió a su equipo salvar dos puntos ante el Almería, y aún cosechó otras grandes intervenciones que le sirvieron para ganarse a pulso la renovación.

En la siguiente temporada ya desbordó todas las previsiones. Partió como suplente del recién fichado Moyà, pero pronto le arrebató el puesto. Realizó actuaciones espectaculares y sonadas como en Tenerife o en la Europa League ante el Werder Bremen, donde pese a encajar cuatro goles el Valencia logró el pase a la siguiente ronda. En tan sólo un año había logrado que la exigente afición de Mestalla pasara de tener dudas sobre él a llegar a cantar “César selección”.

Y todo ello lo logró con el trabajo y reinventándose a sí mismo. Pese a su edad, sus reflejos y su agilidad no se habían visto mermados, y en los mano a mano se mostraba inconmensurable. Una de sus cualidades que más brilló fue el achique de espacios en ese uno contra uno, en el que dejaba a los delanteros rivales casi sin hueco por donde meter el balón en la portería. Además, mejoró su juego aéreo, uno de sus talones de Aquiles, gracias a su gran experiencia.

Desgraciadamente, en la tercera temporada en Mestalla, las lesiones no le respetaron, y la irrupción de un magnífico Guaita, además del fichaje del brasileño Diego Alves, le han dejado sin sitio en el club de Mestalla. Pero el gran nivel demostrado en los últimos años le han servido para que otro equipo de Liga de Campeones (está en la eliminatoria previa), el Villarreal, se fije en él. A 65 kilómetros de Valencia, también a orillas del Mediterráneo, César tiene la oportunidad de mantener viva la que parece ser su “eterna juventud futbolística”, con casi 40 años.

jueves, 18 de agosto de 2011

La eterna juventud de César (I)


Cuando un jugador de campo llega a la treintena de años se suele decir que no le queda mucho para retirarse. Pero si es un portero, nadie se atreve a decirlo. Y es que su posición en el campo, que exige un menor despliegue físico en primera instancia, le permite durar varias temporadas más en la elite. De hecho, muchos porteros llegan a su mejor momento por esa edad, y entre ellos hay uno al que le dieron por acabado varias veces y acabó volviendo a dar lo mejor de sí. Nacido en Coria (Cáceres), en 1971, él es César Sánchez.

Con 39 años, y a unos días de cumplir los 40, César comienza ahora su quinta aventura en un equipo de la liga española con el Villarreal, aparte de su paso por el Tottenham inglés. Y eso que debutó a los 20 años, en 1992, cayendo con el Valladolid contra el FC Barcelona por 0-6. Parece que era un mal día para empezar, pero se sobrepuso a ello y defendió la portería del conjunto de Pucela durante el resto de la década, hasta el 2000. Y lo hizo de manera tan eficaz que acabó fichando por todo un Real Madrid, que se acababa de proclamar campeón de la Liga de Campeones, y que pagó 1.000 millones de pesetas por un guardameta.


En su primera experiencia en un club grande tuvo sus primeros problemas para alcanzar la titularidad. Pese a partir como suplente de un joven Iker Casillas, consiguió arrebatarle el puesto en el tramo final de su segunda temporada en el conjunto blanco, hasta llegar a comenzar de inicio la final de la Liga de Campeones ante el Bayer Leverkusen. Una desafortunada lesión en la segunda parte le impidió acabar el partido y le dio una nueva oportunidad a Casillas, que tampoco la desaprovechó. En las siguientes temporadas aprovechó los encuentros de Copa del Rey para continuar estando al primer nivel.

En 2005 buscó un nuevo destino. Fichó por el Real Zaragoza, que acababa de volver a Primera División tras un breve paso por la categoría de plata. Emergió de nuevo como un referente en el club maño pese a que ya tenía 34 años. En sus tres temporadas en las filas del conjunto aragonés consiguió un subcampeonato de la Copa del Rey y la clasificación para la Copa de la UEFA. Pero no pudo acabar de la mejor forma su estancia allí… porque acabó descendiendo de nuevo a Segunda División, pese a contar con un equipo con Ayala, Aimar o Diego Milito entre otros.

A punto de cumplir los 37 años, se le daba prácticamente por retirado en España. Acababa de descender con el Zaragoza, pero en el mercado internacional seguía teniendo un cierto nombre. Tanto, que lo fichó el Tottenham inglés, que trataba de comenzar un proyecto que en pocas temporadas culminaría con su participación en la Liga de Campeones. Lo cierto es que César no era protagonista en los Spurs. Fue directo al banquillo, como suplente del brasileño Gomes, cuyo perfil de cancerbero de alta estatura respondía mejor a los habituales balones aéreos del fútbol inglés. Parecía que ya estaba en el ocaso de su carrera, pero pronto le llegaría una nueva oportunidad a orillas del Mediterráneo.

lunes, 15 de agosto de 2011

Concentración y confianza

La pasada madrugada se disputó el último de los partidos de los cuartos de final del Mundial sub-20. España y Brasil, dos de las favoritas, se cruzaban. Y dentro de un dominio abrumador del equipo español durante el partido, emergió una gran figura que lo contrarrestó: Gabriel, el portero carioca. Pero lo que más llamaba la atención no eran sus condiciones técnicas o físicas, que también las demostraba, sino que en su forma de jugar rebosaba una gran confianza en sí mismo.

La actuación de un guardameta depende de muchos factores. Desde luego, las condiciones físicas son claves para rendir bien. Si no está bien preparado físicamente, nunca podrá llegar a ese balón escorado. Pero la cantidad de balones esquinados que le llegan a un portero en un partido no son tantos. A eso, hay que unir una preparación técnica que le hará ganar uno o dos metros más en su rango de actuación en el marco de la portería, y que le permitirá abortar todavía más opciones de gol. Estos aspectos se trabajan diariamente en los entrenamientos, y prácticamente doy por hecho que todos los profesionales lo hacen de manera adecuada. La diferencia la marcan otras características menos palpables a primera vista: la concentración y la confianza.

La concentración siempre permitirá al portero gozar de la mejor colocación posible, y si es la adecuada cubrirá el mayor espacio posible de la portería. Pero además, también le permitirá anticiparse al delantero e impedir que este pueda disparar, desbaratando así una posible ocasión de gol. Es decir, dificultará, en primer lugar, que se produzca el chut del atacante y, en segunda instancia, que este pueda ser certero. Un reflejo de esta concentración se puede ver en las salidas de los guardametas, ya sean por alto o a por un balón entre la defensa y ellos. En cada plano en que salía Gabriel anoche se le veía concentrado. Como muestra un botón. En los instantes finales de los primeros 90 minutos, en dos contrataques españoles, estuvo tan atento que impidió los posibles remates de Rodri y Canales anticipándose fuera del área con los pies. Haber esperado un poco más atrás le habría dejado vendido.

Si a todo ello le unimos una buena dosis de confianza, estamos ante la que va a ser una magnífica actuación segura. Gabriel anoche la tenía. Fue casi inexpugnable durante el encuentro. Pese a encajar dos goles, se convirtió en la pesadilla de los atacantes españoles anticipándose al peligro, rechazando varios mano a mano y siendo muy solvente en los disparos de media distancia. Llegaron los penaltis y las cámaras lo enfocaron. Ya se intuía. Hablaba con sus compañeros y aunque no lo dijera con palabras, sus gestos sí lo delataban: “Tranquilos, que paro más de uno”. Así fue: Gabriel paró los penaltis de Amat y Álvaro Vázquez. Brasil se metió en semifinales. La confianza en sí mismo de Gabriel fue clave.


viernes, 5 de agosto de 2011

Casillas, un portero con "suerte" (y III)

En el año 2000, con tan solo 19 años, Iker Casillas ya era el portero titular de todo un Real Madrid e incluso había conseguido debutar con la selección española. Ya se vislumbraba que iba a ser un guardameta que iba a marcar una época. Sin embargo, el camino aún iba a presentar algunas dificultades en el año 2002, ante las que el azar y su buena preparación iban a volver a ser protagonistas. Se trata de los cinco minutos finales mágicos de Glasgow y el Mundial de Japón y Corea de 2002.

Durante el último tramo de la temporada 2001-2002, Iker Casillas perdió la titularidad en el conjunto merengue. Vicente del Bosque le otorgó su confianza a César Sánchez, que pasó a defender la portería madridista cuando su equipo se jugaba la liga, la Copa del Rey y la Liga de Campeones, en el año del centenario del club blanco. En la competición doméstica las cosas no les fueron bien, y quedaron terceros en la liga, por detrás del Valencia y el Deportivo de la Coruña, y perdieron la final de la Copa del Rey en el Santiago Bernabéu ante el propio Deportivo, en el llamado “Centenariazo”. Pero en la Liga de Campeones, la constelación de estrellas reunida por Florentino Pérez, encabezada por Zidane, Figo y Raúl, avanzaba con paso firme y se plantó en la final.

El estadio de Hampden Park, en Glasgow, era el escenario elegido para que el Real Madrid y un sorprendente Bayer 04 Leverkusen se disputaran el título más deseado de Europa. Ya en la segunda parte, con 2-1 en el marcador a favor de los blancos, César se da un golpe con Lucio, defensa del Leverkusen, y se lesiona. En el minuto 67, Casillas, que se recorta las mangas de su camiseta con unas tijeras justo antes de salir, entra en el terreno de juego en el lugar de César. Durante los últimos instantes del partido comienza un asedio por parte del equipo alemán para lograr el empate que mandase la final a la prórroga, pero Iker, con varias intervenciones de mucho mérito, evita el empate en los que más tarde llamarían “los cinco minutos mágicos de Glasgow”. Desde entonces, nunca perdió la titularidad en el Real Madrid.


Pero ese mismo año 2002 el destino le guardaría otra sorpresa. José Antonio Camacho le volvió a convocar con la selección española, esta vez para el Mundial de Japón y Corea. Iría como suplente de Santiago Cañizares, que mantenía un estado de forma envidiable. Durante la concentración previa al torneo ocurrió una situación inesperada. En su habitación, a Cañizares se le caía una botella de colonia en el pie, provocándole un corte en un tendón. Este accidente privó al guardameta de Puertollano de poder defender la portería de la selección y le abrió paso a Casillas. Además, el de Móstoles cuajó una buena actuación, siendo decisivo en la eliminatoria de octavos de final ante Irlanda, en la que detuvo una pena máxima durante el partido y le dio el pase a cuartos a su equipo en la posterior tanda de penaltis. A partir de ahí, la portería de la selección es suya, habiendo batido el récord de internacionalidades que pertenecía a otro cancerbero, Andoni Zubizarreta.

sábado, 30 de julio de 2011

Parapenaltis Duckadam

Se dice que la salsa del fútbol es el gol. Es el objetivo del juego. Pero hay una sensación que supera el haber marcado un gol. Y esa es parar un penalti. En esa lucha el portero parte con desventaja. Es un disparo, uno contra uno, a once metros de la portería, cuyos 7,32 x 2,44 metros trata de cubrir el cancerbero. Por algo se le llama la pena máxima. Cuando se va a lanzar el penalti surgen los nubarrones oscuros sobre el equipo que lo recibe, que pone toda su fe en su guardameta. Si lo detiene, la amenaza de tormenta no sólo se diluye, sino que se transforma en un día radiante de sol. Ha pasado el mayor peligro de todos, en el que se daba por hecho el gol del rival.

Si todo ello ocurre en la tanda de penaltis decisiva de la final de la Copa de Europa, el momento puede ser brillante. Pero si, además, ocurre en los cuatro lanzamientos de tu rival, es algo sublime. Eso hizo Helmut Duckadam, el portero del Steaua Bucarest rumano en 1986, una actuación sublime. Detuvo todos los penaltis que le lanzaron los jugadores del FC Barcelona, y le valió para conseguir el título más deseado del continente.

Aquella final se jugaba en Sevilla, y el FC Barcelona era el completo favorito. El conjunto catalán no había ganado nunca el cetro continental, era una oportunidad de oro y la mayor parte del estadio Ramón Sánchez Pizjuán estaba cubierta por aficionados culés. El Steaua Bucarest parecía un simple invitado. Era un conjunto de una liga menor, que se consideraba que había llegado hasta ahí por una racha de resultados positivos ante equipos menores como el Vejle danés, el Kispest Honved húngaro y el Lahti finés, y una buena eliminatoria ante el Anderlecht belga. No obstante, contaba con futbolistas que posteriormente recalaron en España como Belodedici (Valencia, Valladolid, Villarreal), Lacatus (Oviedo) o Balint (Burgos), y por supuesto, con la gran estrella de la noche, Duckadam.



Después de un partido soporífero que acabó en empate a cero, se llegó a la tanda, fatídica para los catalanes. Urruti, el portero del Barcelona, detuvo el primer lanzamiento de los rumanos, de Majaru. La grada rugió. Los blaugrana se las prometían muy felices, se veían casi campeones. Pero Duckadam, en el siguiente lanzamiento de Alexanco, le adivinó su intención, y rechazó su disparo a su derecha y a media altura. Urruti paró también el segundo penalti del Steaua, a Boloni. Parecía que la final era del Barça. Y apareció de nuevo Duckadam, que por el mismo costado se lo paró a Pedraza. A partir de ahí el estadio quedó en silencio. Lacatus reventó el balón para adelantar al Steaua, y Duckadam, casi de manera idéntica que en los otros dos penaltis, también se lo paró a Pichi Alonso. Urruti no pudo seguir el ritmo, y Balint hizo el dos a cero. Si Duckadam obraba la proeza de detener el cuarto del Barcelona, la Copa de Europa marcharía por primera vez (y hasta ahora la única) a la tierra de Drácula. Lanzó Marcos, al lado contrario que sus tres compañeros, pero hasta allí también llegaba Duckadam. Los gritos de alborozo de los jugadores rumanos y, sobre todo, de su portero, rompían el silencio de la grada y destrozaban el sueño de los miles de barcelonistas desplazados hasta Sevilla.

Fue la noche de gloria de Duckadam, que no pudo continuar sus éxitos. Unas extrañas circunstancias privaron al portero de continuar creciendo en su carrera, con tan sólo 27 años. La versión oficial habla de una trombosis en su brazo derecho que le apartó momentáneamente del fútbol. La extraoficial cuenta que el hijo del dictador Ceaucescu mandó destrozarle los dedos de ambas manos por no querer entregarle el Mercedes que presuntamente le había regalado el presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza, por impedir al FC Barcelona ser el campeón de Europa. Pero nunca le pudieron robar la gloria de aquella noche sevillana del 7 de mayo de 1986.

martes, 26 de julio de 2011

Jesús Castro, héroe en el mar

Cuando hablamos de porteros, solemos calificar de “heroicidades” a penaltis parados, rechazos a bocajarro o actuaciones espectaculares. Sin embargo, esta definición realmente carece de sentido, pues el fútbol tan sólo es un juego en el que se gana o se pierde. Como bien dijo el entrenador italiano Arrigo Sacchi, “el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”. Pero el que fue portero del Sporting, Jesús Castro, sí que fue un héroe de verdad, de los que hizo algo realmente importante. Un niño inglés y el mar dieron buena cuenta de ello.

Jesús Castro era el hermano de Quini, gran goleador de los años 70 y 80 en el Sporting de Gijón, el FC Barcelona y la selección española. Llegó a disputar 13 temporadas en Primera División como cancerbero del Sporting, fue dos veces subcampeón de Copa y estuvo a punto de ser campeón de liga con el equipo asturiano. Pero el partido más importante de su vida le llegó mucho más tarde.


Nueve años después de retirarse, el 26 de julio de 1993, Jesús disfrutaba de un día plácido con su familia en la playa de Pechón, en Cantabria. Desde la orilla, divisó los aspavientos de varios brazos en el agua. Vio que alguien corría peligro y no lo dudó un instante, acudió en su búsqueda. Se trataba de un niño inglés al que la corriente le había sorprendido. Consiguió salvarle la vida. Pero su heroicidad pagó un precio muy alto. Mientras se completaba la operación de rescate del pequeño, él seguía en el agua. Nadie se dio cuenta de que estaba agotado, y el mar acabó llevándose su vida por delante, a sus 42 años.

Ahora, 18 veranos después de aquella hazaña, un joven británico puede disfrutar de su juventud gracias a la valentía de Jesús Castro, que acabó dando su vida por la de un desconocido. Aquella sí fue una gesta digna de quedar en los anales de la historia del fútbol. Descanse en paz.

lunes, 25 de julio de 2011

La temeridad de Higuita

Eran los octavos de final del Mundial de Italia en 1990. Colombia se enfrentaba a Camerún, y partía como favorita para meterse en cuartos ante el conjunto africano. El equipo cafetero venía sorprendiendo con un fútbol atractivo, con el que había conseguido empatar a la República Federal Alemana, a la postre campeona, en un encuentro épico para clasificarse en la fase de grupos. Y uno de los ejes de aquella Colombia era su portero René Higuita. Pero precisamente en aquel partido… erró estrepitosamente.

Por aquel entonces, Higuita, con 23 años tan solo, destacaba en el fútbol sudamericano. Con él en la portería, el Atlético Nacional había logrado en 1989 la primera Copa Libertadores para un equipo colombiano. Es más, la ganó en los penaltis, con Higuita de protagonista. La temporada siguiente, en la Copa Intercontinental, obró una actuación prodigiosa manteniendo a su equipo con vida hasta el último minuto de la prórroga ante el todopoderoso Milan de Arrigo Sacchi, que le hizo abrir los ojos a los equipos europeos. Sin embargo, sus buenas actuaciones bajo palos tenían un pero muy grande: sus excentricidades. Era tan capaz de parar una pena máxima decisiva como de salir fuera del área con el balón en los pies e intentar regatear a un rival. En ocasiones, era una habilidad para salir con el balón jugado desde atrás; en otras, una temeridad que podía tener resultados funestos.



Aquella cita en el estadio de San Paolo de Nápoles era una oportunidad histórica para Colombia. Pero el orden defensivo camerunés consiguió maniatar a una selección que contaba con jugadores talentosos como Valderrama, Freddy Rincón o Leonel Álvarez. Llegó la segunda parte de la prórroga y Camerún ya ganaba por uno a cero. Entonces, en el minuto tres, llegó la jugada maldita. Higuita y el defensa Perea iniciaban la jugada fuera del área. El veterano delantero Roger Milla se acercó a presionar a Perea, éste le pasó el balón a Higuita, que intentó regatear al camerunés para seguir con el control del esférico. Pero esta vez no lo consiguió. Milla le robó el balón y marcó el segundo en su cuenta particular que prácticamente sentenciaba el encuentro. Los colombianos aún recortaron distancias con un gol de Redín, que sólo sirvió para estigmatizar aún más el fallo de Higuita, puesto que sin él habrían conseguido empatar.

Su seleccionador Pacho Maturana lo defendió y le siguió otorgando su confianza. Pero esa temeridad provocó que ningún grande europeo se fijara en él, en un tiempo en el que las plazas de extranjeros en las plantillas europeas estaban muy limitadas. Fichó por el Valladolid, pero sus actuaciones no fueron afortunadas y volvió a su país a mitad de temporada.

Aquella jugada fue un reflejo evidente de que no era un portero convencional. Sus excentricidades se sucedieron durante el resto de su carrera. Reconoció que mantenía una relación de amistad con el narcotraficante Pablo Escobar y le visitó en la cárcel. Estuvo más de seis meses entre rejas por mediar en la liberación de un secuestro, perdiéndose así el Mundial de Estados Unidos de 1994. Dio positivo en un control de dopaje por cocaína. Participó en un reality show en la televisión de su país. Y recientemente dijo que se presentaría a la alcaldía de Guarne, donde reside.

Pero para los románticos futboleros, dos detalles. Es el tercer cancerbero que más goles ha marcado en la historia en partidos oficiales, con 44. Y, por supuesto, la que para muchos es la jugada más espectacular de la historia: la parada del “escorpión”, en Wembley en un amistoso ante Inglaterra. Un detalle nimio, el propio Higuita reconoció tiempo más tarde que pensaba que la jugada estaba anulada por fuera de juego. Tal vez, aquel día no quería ser tan temerario.


jueves, 21 de julio de 2011

Surgieron los porteros, y evolucionaron

¿Sabían que en los albores del fútbol moderno no había porteros? No fue hasta 1871 cuando aparecieron por primera vez en el reglamento. Y es que anteriormente nadie podía tratar de impedir el gol con las manos. Hasta ese momento no se contempló la posibilidad de que hubiera alguien predeterminado en el terreno de juego para defender la portería.

Desde que se creara, la figura del portero ha sufrido distintos cambios en cuanto a sus funciones. Así, en 1878 comenzó a permitirse que pudieran tocar el balón con la mano también fuera del área. No fue hasta 1912 cuando se impidió de nuevo, ya que les permitía tener mucha ventaja respecto al resto de jugadores. A partir de entonces ya podemos imaginarnos a los cancerberos más o menos como son ahora. Aunque, evidentemente, la técnica ha ido perfeccionándose a medida que el juego ha ido evolucionando.

En su origen, estos cancerberos se caracterizaron por vivir “bajo palos”. Respondían a un tipo de guardamenta que básicamente defendía el arco en la línea de gol y que apenas se hacían responsables del juego si el balón no se acercaba a la portería. Fue a finales de los 50 y comienzos de los 60 cuando se comenzó a modernizar la técnica del portero, y fue el soviético Lev Yashin quien protagonizó tal cambio. Así, “la araña negra” utilizó su envergadura para comenzar a dominar toda el área, sobre todo el juego aéreo.

Ya en los años 70 surgió de la escuela argentina de arqueros el “Pato” Fillol. El célebre guardameta argentino fue el reflejo de una generación que dio un paso adelante, y no sólo figurado. Empezaron a jugar ligeramente más adelantados. Provocaron que los atacantes tuvieran menos ángulo para disparar y también consiguieron mejorar en el uno contra uno, ya que le daban menos tiempo y espacio al delantero para rematar.




En cuanto al juego con los pies de los porteros, hay tres momentos claves. El primero se da en la década de los 40, cuando Barbosa, el malogrado cancerbero de Brasil, comenzó a sacar de puerta, ganando un jugador en el campo al iniciarse el juego. A continuación, el adelantamiento en la colocación propiciado por la escuela argentina en los 70 provocó que los porteros salieran fuera del área y se vieran obligados a manejar el balón con cierto criterio.

El gran paso se dio en la década de los 90, con la introducción de la norma de la cesión. Esta regla impide que los guardametas puedan coger el balón con la mano cuando un compañero suyo se lo cede voluntariamente con el pie, aunque se encuentre dentro del área. De este modo, los porteros ya tenían la obligación de tener un buen dominio de la pelota con el pie. El paradigma de esta nueva faceta podemos encontrarlo actualmente en Víctor Valdés, el portero del FC Barcelona, un equipo cuyo estilo de juego obliga a no rifar el balón, y a sacarlo jugado desde la propia portería.

lunes, 18 de julio de 2011

Muslera y Villar cambian el rumbo

Este fin de semana las selecciones de Argentina y Brasil cayeron eliminadas en los cuartos de final de la Copa América. Los que deberían haber sido los partidos de Messi, Higuaín, Neymar o Robinho, se convirtieron en las hazañas de Fernando Muslera y Justo Villar, porteros de Uruguay y Paraguay, que fueron determinantes para dar el pase a los suyos. Tanto Muslera como Villar hicieron dos partidos excelentes, y no sólo en los 90 minutos de rigor, sino también en sus respectivas prórrogas. Y, por supuesto, en los decisivos penaltis.

El uruguayo, que la pasada temporada jugó en el Lazio pero que ya ha fichado por el Galatasaray turco, consiguió mantener a raya las intentonas de una delantera cuyos nombres dan pavor a la defensa contraria: Messi, Higuaín, Tévez, Agüero, Di María, Pastore… No pudo hacer nada en el gol que encajó, obra de Higuaín, pero éste no fue suficiente para mandar a los charrúas a casa puesto que Diego Pérez los había puesto por delante. Su actuación le valió para que la prensa lo considerase el “héroe de Uruguay”.





Por su parte, Justo Villar se convirtió en un auténtico muro para la línea ofensiva brasileña. Tanto destacó que alguno de sus compañeros señaló después que el cancerbero guaraní era “una leyenda”. Dentro de un planteamiento conservador de su técnico, Tata Martino, desbarató una y otra vez las ocasiones de Robinho, Neymar, Lucio y compañía. Con la colaboración de sus defensas, que sacaron el balón de la línea de gol en dos ocasiones, y de los postes, llegó a desesperar a los cariocas, que no lograron ver puerta ni en el partido, ni en la prórroga, ni en la tanda de penaltis.




Aún así, sus exhibiciones tuvieron un momento clave y decisivo, sin el cual no hubieran servido de nada: los penaltis. Ambos se encontraban calientes y más metidos en el partido que sus rivales. Los cancerberos de Argentina y Brasil, Romero y Julio César, apenas habían tenido que aparecer en sus encuentros. El hecho de haber tenido que mantenerse activos durante todo el partido por las acometidas rivales les hizo estar más concentrados y preparados.



De maneras muy diferentes obraron sus milagros. Los argentinos comenzaron bien en sus lanzamientos, pero Muslera aprovechó el desliz de Tévez. Sus compañeros de la celeste no erraron y dejaron en la cuneta a Argentina en su propio país, emulando el mítico “Maracanazo” a Brasil que justo se había producido 61 años antes. Mientras tanto, Villar ya les había comido la moral a los brasileños, que no encontraron el hueco ni para marcar un penalti. Fallaron los cuatro; tres los mandaron fuera, y en el otro, el paraguayo adivinó la intención de Thiago Silva.

Ni Brasil ni Argentina, los grandes favoritos, estarán en las semifinales de la Copa América. Esto supone un nuevo rumbo en la cita sudamericana. Y el mérito, que no la culpa, la tuvieron dos porteros que no suelen acaparar las portadas: Fernando Muslera y Justo Villar.